Doce Hombres Sin Piedad

martes, 23 de octubre de 2007



Doce Hombres Sin Piedad es una película intensa y asfixiante, con esa intención está ambientada en el día más caluroso del año, casi todos los personajes sudan durante el film creando un ambiente de calor húmedo agobiante. Esto, que parece un detalle insignificante, a mi me parece bastante importante, ya que si fuera un día soleado y normal la película no sería igual.

Tenemos a 12 personajes encerrados en una habitación durante toda la película, no hay cambios de escenario, salvo cuando van al servicio. Al verla el espectador se siente como uno más de esos doce hombres que tienen en sus manos la vida de un chaval de 18 años, deben decidir si es inocente o culpable y todos están convencidos de que es culpable, menos uno, el personaje de Henry Fonda (que está espectacular), él tiene una duda razonable y a partir de ahí, intentará convencer a los demás que no se puede tomar a la ligera una decisión como esa.

Los personajes están muy bien perfilados, cada uno tiene una personalidad perfectamente marcada y eso influye en sus opiniones y en los motivos que tienen para dar su veredicto.

Los movimientos de cámara nos llevan de un lugar a otro de la habitación como si estuvieramos allí con ellos pasando calor y decidiendo si un muchacho vive o muere; son abundantes los primeros planos que nos acercan a la psicología de los personajes, ya que esta es una película de personajes, es de los actores, única y exclusivamente suya y hay que decir que todos lo hacen muy bien y aguantan los primeros planos excelentemente y eso no es fácil.

Es muy recomendable ver esta película, todo se basa en los diálogos, pero creo que a nadie le podría resultar aburrida, porque lo que están decidiendo estos hombres es suficientemente importante como para que mantenernos enganchados durante todo el film.

Sidney Lumet demostró que con poco dinero se puede hacer muy buen cine.

1 comentarios:

bennacker dijo...

Una vez sentadas las bases de la historia, un jurado debe decidir la suerte del acusado, se recrea todo el caso sin salirse de la sala de deliberación. Es muy interesante cómo, poco a poco, las posiciones firmes de los miembros del jurado se modifican y cómo vemos algunos tics y prejuicios en esos "hombres justos".
Recuerdo haber visto una versión teatral en que el escenario era la mesa y el público la rodeaba (por los cuatro lados) en la oscuridad, mientras los actores desarrollaban la obra en medio del "huracán".
El único pero que se le podría hacer... ¿12 hombres? ¿ninguna mujer? Pero eso no es culpa de la película, sino de la sociedad de la época

 
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